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Tesla tiene problemas en Alemania con un importante proveedor

En noviembre del año pasado, Tesla anunció la adquisición de Grohmann Engineering, una firma de soluciones de ingeniería y robotización industrial afincada muy cerca de la frontera belga. El jefe se encuentra "desaparecido" y los sindicatos exigen a Tesla más salario y que garantice sus empleos.

A Elon Musk, CEO de Tesla, le ha salido una china en el zapato, aunque muy lejos de California. Tesla tiene la ambición de convertirse en el mayor fabricante de coches eléctricos del mundo -sean Premium o no- y para ello tiene que aumentar radicalmente sus volúmenes de producción.

Una compañía que apenas fabricó 80.000 vehículos en 2016 quiere llegar al medio millón anual antes de que lleguemos a 2020. Esta y otras ambiciones ya hacen que Tesla valga en bolsa más dinero que General Motors, Ford o Fiat Chrysler Automobiles. Seguramente está sobrevalorada, pero es un hecho.

Las promesas de Tesla han de sustentarse en algo material. Además de la fábrica de Fremont (California) y Reno (Nevada), ambas en EEUU, Tesla quiere tener un total de cuatro a cinco gigafactorías. Una de ellas, tal vez, pueda instalarse en España. Para poder hacer eso se precisan soluciones como las que proporciona Grohmann, por eso se adquirió.

Proyecto de la Gigafactoría de Nevada

Ahora mismo Tesla intenta aplacar los ánimos calentitos en la empresa alemana. El líder de la empresa, Klaus Grohmann, no ha pisado su oficina en todo el mes. Según un representante sindical, Grohmann dice que se retira del negocio. Los empleados están preocupados.

El sindicato IG Metall afirma que los empleados de Grohmann cobran un 25-30% menos de lo habitual en su sector

Esta empresa ha logrado que Daimler o BMW fabriquen sus modelos eléctricos en serie, no son precisamente unos novatos en el ramo. Los trabajadores han visto una oportunidad para mejorar sus condiciones.

Tesla les ha ofrecido garantizarles ocupación durante un periodo de cinco años, una paga extra de 1.000 euros, aumentos salariales y opciones sobre acciones, entre otros beneficios.

De no acceder a esas reivindicaciones, Tesla puede perder mucho más dinero por el camino, luego es razonable que quiera ceder y satisfacer esas ambiciones.

Grohmann es un proveedor clave para la producción masiva del próximo modelo de la marca, el Tesla Model 3, llamado a poner patas arriba el segmento D-Premium con un modelo 100% eléctrico que apaliza en autonomía al resto de la oferta del mercado y a un precio competitivo con híbridos enchufables e incluso eléctricos generalistas como el Opel Ampera-e.

El Model 3 es una enorme promesa, y para entenderlo hay que acordarse que Tesla recibió una cantidad de reservas para su nuevo modelo muy por encima de las expectativas, más del doble de lo planeado. Esa demanda burbujeante del Model 3 debe ser satisfecha, y Tesla puede facturar enormes cantidades de dinero.

Para hacernos una idea, si se producen 500.000 Model 3, a un precio de unos 42.000 dólares de media (incluyendo ciertas opciones, no irán todos pelados) hablamos de la friolera de 21.000 millones de dólares de facturación. Eso no significa beneficios, pero desde luego alcanzar esa facturación reforzaría el valor bursátil -ahora hinchado- de Tesla.

Y es que el mercado en general tiene muchísima fe en Tesla, quizás demasiada. Es un fabricante que no ha logrado anunciar beneficios en un ejercicio entero, pero que se levantó prácticamente de la nada hace menos de 10 años por el fundador de Paypal y préstamos concedidos por Estados Unidos para el desarrollo de movilidad alternativa. El dinero se devolvió antes de tiempo.

Ahora mismo representa lo más de lo más en el mercado de los coches eléctricos de gama alta, tanto que los fabricantes tradicionales han tenido que aceptar que hay mercado y que tienen que ofrecer soluciones similares, que van a llegar con un mínimo de seis a ocho años de retraso. Los 700 empleados de Grohmann tendrán que ser satisfechos si Tesla no quiere tener más retrasos.

Y es que Tesla ha fallado más de una vez las ambiciosas líneas temporales impuestas por Elon Musk, a veces se ha pasado de optimista. Desde luego que no es un vendedor de humo -o es un maestro en la disciplina- pero tiene que mantener su credibilidad para que las acciones no caigan ni -en el peor caso- empiecen a caerse clientes de la lista de espera. A fin de cuentas, los 1.000 dólares que pusieron más de 400.000 personas son reembolsables.

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