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Prueba Porsche 718 Cayman S, cuando perder significa ganar

El nuevo Cayman ya está aquí. Las primeras unidades ya surcan nuestras carreteras con sus importantes cambios técnicos y tecnológicos. Y en esta ocasión he tenido la ocasión de probar el Porsche 718 Cayman S. Un juguete del que no resulta nada difícil enamorarse.

Resuenan en mi cabeza las palabras que mi gran compañero Oscar Magro siempre repite: "con turbo, todo es mejor". Momentos antes de poner el primer pie dentro del nuevo Cayman no hago más que acordarme de ellas. ¿Llevará razón? Pronto te lo descubriré durante la prueba del Porsche 718 Cayman, pero no quiero adelantarme a los acontecimientos pues antes debes saber qué cambia en este pequeño 911.

El Porsche 718 Cayman es una obra de arte en todo él. Un digno hermano pequeño del 911

Porsche construye su presente y su futuro a partir de su pasado. Los alemanes no saben hacerlo de otra manera. Eso implica hablar brevemente de los 550 y 718 de la década de los 50. Dos deportivos que, aunque cueste creer, son la base de la nueva generación de los Porsche 718 Boxster y Cayman. Pues son ellos los que iniciaron un legado que hoy perpetúan los dos modelos de acceso a la casa alemana.

El Cayman siempre ha sido una referencia de su segmento, de hecho es el mejor de todos ellos, y aunque sería fácil coger la generación anterior y cambiarla ligeramente, en Porsche ha arraigado mucho la filosofía de evolución. Aunque no estéticamente. Exteriormente es muy semejante a su predecesor, aunque sí que hay cambios notorios con respecto a este. Nuevos parachoques, luces, puertas, alerón trasero, tomas de aire más grandes...pero sobre todo el cambio estético principal reside en la banda negra que une los faros traseros que incluyen las letras Porsche en relieve.

Y punto. Esos son todos los cambios de carrocería que podemos esperar en el Porsche 718 Cayman con respecto a su predecesor. Ah, también decir que la paleta de colores se ha extendido con algunas tonalidades que ciertamente son increíbles, tales como el azul Miami, el naranja Lava o rojo Carmin, que precisamente era el color de la unidad de pruebas. Pero lo dicho, salvo esos, no hay más cambios en el exterior.

Otro cantar es el interior, donde tampoco es que veamos muchas modificaciones, pero como reza el dicho: haberlas, haylas. La principal es la pantalla de 7 pulgadas del PCM, que ahora está mucho mejor integrada y cuyo funcionamiento ha mejorado ostensiblemente hasta semejarse con una tablet convencional. Más allá de eso encontramos nuevas tomas de aire y nuevo volante. Un precioso volante que toma su inspiración en el Porsche 918 Spyder y que integra la rueda selectora de modos de conducción. Una delicatesen de la que ahora te hablaré.

Y si hablamos de tecnología, hay que mencionar que Porsche sigue dando pasitos en la integración de nuevos sistemas. No estamos ante el nuevo Porsche Panamera, todo sea dicho de paso, pero el Cayman integra una serie de novedades que aunque no son espectaculares sí que permiten una mejor conectividad con teléfonos móviles, así como la descarga de aplicaciones y el uso de WiFi dentro del propio coche. Lo dicho, sistemas de última generación que la verdad apenas importan, pues la tecnología que sí debe importarnos se esconde en el centro del coche, justo a la espalda de los ocupantes.

Esa no es otra que el motor. La generación 718 nos sorprendió por eliminar el bloque atmosférico de seis cilindros para dejar paso a un motor de cuatro cilindros enfrentados turboalimentado. Un propulsor que no está pensado a la ligera y que lleva muchas horas de desarrollo y puesta a punto. Sus dos litros son capaces de generar potencias de 300 y 350 caballos. Dependiendo de si hablamos del Cayman o el Cayman S. Con esos datos se puede observar claramente que los 718 han ganado para perder.

Porsche se ha fijado en el 919 Hybrid del WEC para diseñar el motor. De hecho comparten algunos componentes

Pues si cogemos la hoja de prestaciones del nuevo Cayman, observamos que este es mejor en todo con respecto a su predecesor. Más potente, 300 caballos como mínimo, más rápido, hasta 285 Km/h de velocidad punta, acelera mejor, de 0 a 100 Km/h en 4,2 segundos, e incluso es más eficiente con consumos homologados por debajo de los siete litros cada 100 kilómetros. ¿Quién nos hubiera dicho hace años que esas prestaciones y ese rendimiento se podrían combinar con ese consumo? Ya os lo digo yo: NADIE.

El volante toma su inspiración el 918 Spyder y su tacto es tan bueno como parece

Pero hay más, no solo es motor, y es que Porsche también ha construido un nuevo chasis, ha rediseñado la suspensión, mejorado los frenos e incluido una dirección tomada directamente del Porsche 911 Turbo. Pero el verdadero secreto reside en el turbo. Uno solo, que es el que logra el milagro de prestaciones y consumo. Además es la principal diferencia entre el Cayman S y el normal, pues en el primero de ellos se integra un sistema VTG de geometría variable además de una capacidad de soplido más fuerte para así lograr una mayor potencia.

Lo sé, lo estáis deseando, queréis saber cómo es el nuevo Cayman con respecto a su predecesor en cuanto a sensaciones. A ello voy, pero antes quiero decir que 718 está disponible desde 58.148 euros. Un precio que lo convierte por primera vez en el modelo más accesible de la marca, un hecho que hasta ahora era propiedad del Porsche 718 Boxster. Ahora sí, vamos a lo interesante.

Prueba Porsche 718 Cayman S

Empiezo diciendo que todo el mundo debería conducir un Porsche al menos una vez en su vida. Si en esa vez no sales enamorado, es que o bien los coches no son lo tuyo, o es que tienes un serio problema de empatía y emociones. Porsche define al Cayman como el más divertido de los deportivos, y eso son palabras mayores teniendo en su propia casa un mito del calibre del Porsche 911.

El cuentarevoluciones no miente y el corte se sitúa en las 7.500 vueltas. Toda una gozada

Pero vuelvo a recordar las palabras de mi compañero: "con turbo, todo es mejor". Los puristas no deben estar nada de acuerdo con esta afirmación, y en parte yo tampoco lo estaba cuando supe que los 718 eliminaban el maravilloso seis cilindros. Sin embargo no me considero un hombre cerrado de miras y por ello, siendo la marca que es Porsche, les di un voto de confianza, pues ellos son capaces de obrar milagros. Hace unos meses ya me descorrí parte de la venda que reposaba sobre mis ojos en este tema, cuando puse a prueba el Porsche 718 Boxster, pero tras el día de ayer, esa venda está en el suelo.

Y es que el nuevo Cayman es bueno, realmente bueno. Más que el anterior. Porsche debe tener cuidado en este aspecto, porque si sigue mejorando el pequeño biplaza de la manera en la que lo está haciendo, puede poner en más de un aprieto a la joya de la corona, al 911. Sí amigos, sí. Lo afirmo y lo reafirmo, el Cayman es un coche excelente y no consigo recordar ningún coche actual que me transmita lo mismo. Bueno sí, el Porsche Cayman GT4, pero claro esa leyenda ya ocupa un lugar de honor en mi corazón.

Te aconsejo que al igual que yo he hecho, te quites la venda de los ojos con respecto al turbo. Es un paso necesario para que podamos seguir disfrutando de juguetes como este. Es impresionante la capacidad que Porsche tiene a la hora de desarrollar y afinar sus deportivos. Presentan un doble comportamiento que pocos pueden siquiera igualar. El Cayman, es tremendamente civilizado cuando así quieres que lo sea, de hecho yo lo veo como un coche de uso diario. No resulta incómodo y encima es refinado, con calidad de acabados y encima, gracias a sus dos maleteros puede llegar a resultar práctico.

El Cayman se siente tan cómodo en el tráfico diario como en la libertad de un tramo de curvas

Pero amigo, si quieres sacarle las cosquillas, se las vas a encontrar con la misma facilidad con la que puedes circular por la gran avenida más concurrida de tu ciudad. Si bueno es para el día a día, mejor, infinitamente mejor, es para un tramo de curvas. Porque a este coche le gustan. Es en ese terreno revirado y complicado donde se siente como pez en el agua, donde realmente demuestra el porqué de su existencia. Y esa no es otra que alegrarte la vida y demostrarte porqué todo el mundo debería conducir un Porsche al menos una vez en su vida.

Dejarme que haga un punto y aparte en este punto, pues tengo y debo hablar de esa rueda selectora que antes he mencionado de pasada. Los ingenieros han dispuesto cuatro modos de conducción para nosotros: Normal, Sport, Sport + e Individual. Cuanto más soltemos a la bestia más controles electrónicos iremos desconectando. Y en el último de ellos podremos configurar el coche a nuestro gusto. Sin embargo hay un quinto modo que aparece a la hora de pulsar el botón central de dicha ruedecita. Yo lo llamo el botón de la gloria, pues con él conseguiremos que el coche se configure en modo de máxima propulsión durante 20 segundos.

De serie el 718 Cayman llega con el cambio manual de seis velocidades, aunque personalmente recomiendo optar por el automático PDK de siete

Una chuchería que resulta tan abrumadoramente sencilla de comprender que a uno le cuesta entender el por qué nadie la había puesto hasta ahora en un coche. Si la pulsamos, inmediatamente el PDK reduce hasta la marcha correcta (hasta 3 del tirón), el turbo se carga y el acelerador se prepara para que con solo pisar salgas disparado hacia adelante como alma que lleva el diablo. Es un sistema que igualmente se puede replicar con hacer kick-down en el acelerador, pero que así resulta mucho más rápido. Porsche debería advertir sobre la adicción que provoca dicho botón, pues aunque está pensado para situaciones puntuales, uno no hace más que buscar cualquier excusa para pulsarlo. Es una maravilla. De verdad os lo digo.

Parece un elemento sin más, pero esta ruedecita de plástico esconde muchos trucos tras de si

Pero no es solo el botón, el turbo o el motor. Es todo el conjunto. Se nota cada hora, cada minuto de puesta a punto. El trabajo es de tal equilibrio que sorprende. Bueno, no tanto. Pues uno ya se puede hacer una idea con solo saber que este pequeño es capaz de dar una vuelta al circuito de Nürburgring en 7:46.7 minutos. El mismo crono que hace unos años hizo el Ferrari 599 GTB con un V12. Ahí queda eso. Es un cohete a pequeña escala. Un juguete muy serio. Su paso por curva es absolutamente demencial gracias a un agarre mecánico extraordinario y a un diferencial autoblocante que siempre te mantiene en la trazada. Aunque eso sí, ojo con quitar todos los controles, pues el turbo tiene eso, una entrada de potencia más brusca que puede descontrolar la trasera.

Y es que el Cayman, al igual que todos los Porsche, tiene su límite muy arriba. Mucho más arriba que el de un servidor, debo reconocerlo. Y aunque en carreteras abiertas bien uno reconoce que es un deportivo de pura cepa, es en el circuito donde uno realmente descubrirá cuán rápido puede ir. Aun así es una verdadera gozada afrontar un tramo de montaña. Realmente el coche te hace sentir mucho mejor piloto de lo que realmente eres y la velocidad que puedes alcanzar es extrema sin que te des cuenta. Va tan fino que asusta a la hora de frenar.

Y es que si hay algo que tengo que criticar son los frenos. No sé si es que la unidad de pruebas tenía algún defecto en el sistema de frenada (que imagino que sí), pero es que la contundencia de la aceleración no era replicada a la hora de parar. El pedal se mostraba demasiado blando y había que hundir el pie en exceso para conseguir una frenada contundente. Y si a eso le sumamos una velocidad alta, la confianza a la hora de llegar a la curva se reducía de forma drástica.

Durante 20 segundos el Sport Response te configura el Cayman para catapultarte hacia delante

Y si ese defecto se puede achacar a un error en la unidad de pruebas, el mayor de todos es el sonido del escape. Ojo. No se me entienda mal. El 718 Cayman suena bien, pero aquí sí que tengo que ponerme nostálgico y recordar cómo sonaba la anterior generación. Los ingenieros de Porsche han trabajado mucho para simular ese sonido glorioso, pero solo ha sido eso, un intento, pues lamentablemente no lo han conseguido reproducir. En algunos momentos se escapa un petardeo del escape, como un gas que se pierde sin querer, pero resulta tan aleatorio que no me termina de convencer. Sí lo sé, es una queja menor, pero oye para un servidor lo es.

Conclusiones

Solo hay una, y es que Porsche ha vuelto a conseguirlo. Mira que era difícil mejorar el anterior Cayman, pues lo han hecho. Y lo más meritorio es que lo han hecho con armas diferentes y con un riesgo que aunque sea calculado no deja de serlo. Perder algunas veces significa ganar, y la generación 718 lo demuestra. Os aseguro que los dos cilindros que faltan no se echan de menos en ningún momento, salvo en el sonido. Sin embargo no puedo dejar de pensar que el Cayman es tan bueno como Porsche quiere que sea, pues no me cabe duda alguna que este pequeño es capaz de poner en más de un aprieto a su hermano mayor. Pero a la joya de la familia no se la toca.

A su comportamiento, estética y diversión hay que sumarle otro factor realmente importante. El precio. Sé que 58.148 euros no es un coste que pueda asumir todo el mundo, incluido yo mismo, pero si lo piensas no es tanto por un Porsche de pura cepa como lo es este 718 Cayman. A fin de cuentas, ¿alguno sería capaz de decirme un rival que este a la altura del alemán? A mí me cuesta encontrar uno. Una compra que te va a sacar una sonrisa con solo verlo en tu plaza de garaje.

Se podría decir que el Cayman es bueno, bonito y no excesivamente caro

Nota: 8.4

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