El futuro de la combustión interna está en el mundo emergente

Algún día los motores eléctricos superarán a los de combustión interna, y el futuro será más limpio y eficiente. Sin embargo, eso no significa el fin definitivo de los motores de émbolos, seguirán teniendo muchas aplicaciones en muchas zonas del mundo.

Peugeot Instinct Concept

En este momento se calcula que hay en el mundo más de 1.200 millones de vehículos, que supone el doble que había al iniciar el milenio, o 10 veces más de los que había en 1960. En los países desarrollados los parques han ralentizado mucho su crecimiento, pero la riqueza ha llegado a muchas partes del mundo y sus parques crecen rápidamente.

A lo largo de la próxima década las ventas de nuevos vehículos con propulsión eléctrica acabarán superando a los que tienen motores térmicos, fundamentalmente de gasolina y en menor medida diésel. Para 2040 se limitará mucho la venta de vehículos térmicos en varios países desarrollados, sobre todo en Europa.

Los eléctricos recibirán su energía desde baterías electroquímicas o pilas de combustible de hidrógeno. Progresivamente irán reemplazando vehículos térmicos hasta convertirse en mayoritarios. Eso no significa el fin de la combustión interna, ni mucho menos.

Modelos como el Toyota Land Cruiser 70 se siguen fabricando pese a haber modelos mucho más modernos

Ahora mismo resulta muy difícil de imaginar reemplazar semejante población vehicular solo con motores eléctricos. Pese a los avances de la técnica, seguirá habiendo muchos lugares donde siga siendo más idóneo moverse con vehículos que utilicen zumo de dinosaurio, y no solo en el llamado "tercer mundo".

De momento los eléctricos no sirven para grandes distancias por la limitada capacidad de las baterías, la falta de una infraestructura de carga rápida suficiente y la ausencia casi total de puntos de venta de hidrógeno para automoción -que debe tener una enorme pureza- por no hablar de los precios de las pilas de combustible. Las baterías están mejorando mucho, pero sigue siendo clave que haya una infraestructura acorde.

Un país pequeño o territorio insular resulta idóneo para moverse con electricidad: es relativamente fácil dar una cobertura decente a la mayoría de la población, de forma que conseguir energía apenas suponga desvíos. Eso tiene un coste y requiere grandes inversiones del sector público y el privado, no es viable en economías débiles o que tienen problemas más importantes que resolver.

Para el transporte pesado el gasóleo sigue sin rivales solventes, sobre todo a larga distancia

Sin embargo, en muchos países todavía no tiene sentido destinar recursos a algo así, y se retrasará mucho la adopción de los eléctricos. Por otro lado, unas normativas anticontaminación más laxas que las europeas, norteamericanas, japonesas o chinas no impedirán circular a los térmicos, ni habrá trabas para su venta o importación.

Hasta hace relativamente poco tiempo, aún se podían vender coches descatalogados en Europa hace más de 20 años en países como Irán. Al estar en vigor una norma equivalente a Euro 2, esa tecnología aún era válida. Son los países más desarrollados los que tienen normas más duras, y por contra, los más pobres tienen menos limitaciones al respecto.

Incluso en el caso de que los países pobres vean un enorme crecimiento de las ciudades y que se acaben imponiendo los vehículos eléctricos en sus núcleos urbanos -por eso de la salud pública- la combustión interna seguirá siendo la respuesta para el resto de las necesidades de transporte de personas y mercancías por carretera.

Los vehículos eléctricos son y serán dependientes de la infraestructura de recarga para poder ir lejos con pausas de minutos en vez de horas

Algunos estudios sugieren que el aumento de los eléctricos reducirá tanto la demanda de petróleo que el precio del barril se desplomará a 15 dólares más allá de 2040, como "Riding the Energy Transition: Oil Beyond 2040". Una energía barata y abundante -por descenso de la demanda- seguirá siendo atractiva en ese tipo de escenario. No será lo más eficiente, pero sí lo más conveniente.

Un país pobre tendrá grandes complicaciones para poder proporcionar movilidad eléctrica a sus habitantes sin dejar grandes zonas de "sombra". Si encima hablamos de grandes extensiones, el problema es aún mayor. Vehículos térmicos con depósitos convencionales o supletorios pueden recorrer largas distancias sin necesidad de repostar.

Eso nos lleva a que si los fabricantes principales dejan de hacer avances significativos en combustión interna cuando el mundo desarrollado frene su demanda, esa tecnología seguirá pudiendo venderse en otros tantos países con mínimas inversiones. No obstante, salvo que hablemos de Tesla, ningún fabricante grande puede decir "no" a la combustión interna con tanta anticipación.

Mazda, pese a ser un fabricante pequeño, apuesta a largo plazo por los motores térmicos, pero mucho más eficientes que los actuales

Por lo menos hay que destinar i+D a motorizaciones convencionales durante 15-20 años, el tiempo que se espera que tarden los eléctricos en superar a los térmicos. Mientras tanto, vivir solamente de los eléctricos es realmente complicado. Los avances de fabricantes como Mazda aún harán competitivos a los motores convencionales unos cuantos años más.

Incluso el motor diésel tiene todavía futuro

En los países desarrollados de momento no se puede reemplazar el combustible que usan los vehículos industriales (ligeros y pesados) en su aplastante mayoría. Progresivamente se cambiará al gas o al hidrógeno vehicular, considerando que el hidrógeno también se puede usar en motores de gasolina adaptados.

Por último, seguirá habiendo hueco para los clásicos y vehículos de colección con sus viejos motores. Incluso sin petróleo podrán seguirse moviendo, hay prometedoras investigaciones para producir combustibles sintéticos a partir de fuentes renovables, respetuosos con el medio ambiente y producibles a un precio razonable. Puede que la combustión interna nunca termine de morir, como pasó con la vela y el caballo.

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