Qué es una 'recall' o llamada a revisión y por qué no puedes saltarte ninguna si tu coche la necesita

Las llamadas a revisión en la industria automotriz son habituales, aunque algunas pueden afectar a millones de vehículos. Te contamos qué son exactamente y qué debes hacer si has recibido una para tu coche.

Qué es una 'recall' o llamada a revisión y por qué no puedes saltarte ninguna si tu coche la necesita
Un mecánico verifica el estado de un vehículo

Publicado: 13/04/2026 19:18

11 min. lectura

Si eres aficionado al mundo del motor y estás al día de la actualidad, seguro que sabes qué es una ‘recall’ o llamada a revisión. Pero quizá hayas llegado aquí a través de una búsqueda en internet tras recibir una en relación con tu vehículo.

En cualquier caso, vamos a profundizar en este asunto, definiendo qué es una ‘recall’, explicando quién se encarga de activarlas y aspectos tan relevantes como las obligaciones que tiene el fabricante, entre otros. Incluso, te contaremos algunos de los casos más sonados de la historia.

¿Qué es técnicamente una ‘recall’ o llamada a revisión?

Es una campaña de servicio iniciada por un fabricante (o impuesta por una autoridad regulatoria) cuando se detecta un defecto de seguridad en una serie de vehículos. En España, el organismo de referencia es la DGT, que publica y gestiona las llamadas a revisión activas.

A nivel europeo interviene el sistema RAPEX (ahora SAFETY Gate), que alerta sobre productos peligrosos, incluidos vehículos. En Estados Unidos es la NHTSA quien lleva el registro más consultado del mundo.

Ahora bien, no siempre estos organismos son quienes ejecutan una llamada a revisión, ya que el propio fabricante de forma voluntaria es quien lo hace habitualmente. Eso sí, las autoridades de tráfico/homologación deben hacerlo de forma obligatoria si el fabricante no actúa.

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Es muy importante tener claro que una llamada a revisión no es lo mismo que una campaña de revisión o mantenimiento. En el segundo caso, se trata simplemente de operaciones de mantenimiento rutinarias que no vienen dadas por problemas de seguridad, sino simplemente por el propio uso del vehículo.

Qué tipo de defecto propicia una ‘recall’ o llamada a revisión

Este tipo de acción viene dado siempre por cuestiones que afectan a la seguridad del conductor y los ocupantes, aunque las causas pueden afectar a prácticamente cualquier sistema: airbags, frenos, dirección, baterías de vehículos eléctricos, software de gestión del motor, cinturones, luces... Incluso el etiquetado incorrecto puede generar una.

Obligaciones para el propietario y el fabricante del vehículo

El dueño de un vehículo que haya sido llamado a revisión no tiene ninguna obligación legal, aunque sí adquiere una responsabilidad civil y de seguridad vial. Esto quiere decir que no estará obligado a atender la llamada a revisión, pero en el caso de que se vea involucrado en un accidente relacionado, las consecuencias con el seguro pueden ser muy negativas.

La NHTSA se encarga de gestionar las llamadas a revisión en Estados Unidos.

En cuanto al fabricante, este tiene la obligación de notificar al propietario registrado mediante carta o correo electrónico, así como reparar gratuitamente. Incluso, en algunos casos, deberá ofrecer vehículo de sustitución.

¿Y qué pasa si has comprado el coche de segunda mano? El fabricante seguirá estando obligado a solventar el problema, pero puede ocurrir que el propietario anterior no haya transferido tus datos. Por eso es importante consultar posibles llamadas a revisión por VIN (número de bastidor) directamente en la web del fabricante o en la DGT.

Casos importantes de ‘recalls’ en la historia del automóvil

Los casos de llamadas a revisión se cuentan por cientos cada año en todo el mundo, pero algunos han destacado por ser los más relevantes en la historia del automóvil.

Takata (2013-actualidad)

La llamada a revisión de airbags Takata es la mayor y más letal de la historia del automóvil. A enero de 2024, más de 100 millones de infladores de airbag en todo el mundo han sido objeto de ‘recall’ por parte de más de 20 fabricantes.

El fallo es de una frialdad técnica aterradora: los airbags, diseñados para salvar vidas, podían explotar con tal fuerza que lanzaban fragmentos metálicos al habitáculo, causando heridas graves o la muerte.

La causa raíz fue el uso de nitrato de amonio como propelente en los infladores, una sustancia que se degrada con el calor y la humedad. Hasta la fecha se registran 27 muertes y más de 400 heridos en Estados Unidos, según la NHTSA. En total, unos 67 millones de vehículos con airbags Takata han sido objeto de revisión solo en EE. UU., según la misma fuente. Las consecuencias para el fabricante fueron devastadoras: Takata se declaró en bancarrota en junio de 2017 y fue adquirida por Key Safety Systems.

Los airgbags Takata han generado la mayor llamada a revisión de la historia del automóvil.

General Motors (2014)

El 6 de febrero de 2014, General Motors retiró unos 800.000 vehículos pequeños por un fallo en el interruptor de encendido que podía apagar el motor mientras el vehículo estaba en movimiento, impidiendo que los airbags se desplegaran. La compañía continuó retirando más modelos durante los meses siguientes, hasta alcanzar casi 30 millones de coches en todo el mundo, y el fondo de compensación pagó por 124 muertes.

Lo que convierte este caso en un referente ético es la cronología. El defecto era conocido por GM al menos con una década de antelación a la retirada. GM supo del fallo en el interruptor de encendido tan pronto como en 2001, mientras el Saturn Ion estaba aún en desarrollo. Pese a recibir informes de muertes y heridos causados por el defecto, GM canceló los planes de aplicar una solución amplia.

Como parte de un acuerdo de enjuiciamiento diferido, GM pagó 900 millones de dólares al gobierno de Estados Unidos. Los modelos afectados incluían el Chevrolet Cobalt, el Pontiac G5 y el Saturn Ion, entre otros.

Toyota (2009-2010)

Entre 2009 y 2010, Toyota afrontó una de las mayores crisis de la historia de la automoción, vinculada a informes de aceleración involuntaria en varios de sus modelos más populares. El problema saltó al primer plano de forma trágica: dos meses antes de que ABC News publicara su investigación, el agente de la Policía de Carretera Mark Saylor y tres miembros de su familia murieron tras quedar atrapado el acelerador de su Lexus bajo una alfombrilla incompatible.

El primer ‘recall’, el 2 de noviembre de 2009, buscaba corregir la posible incrustación de la alfombrilla delantera del conductor bajo el pedal. El segundo, el 21 de enero de 2010, se produjo al comprobarse que algunos accidentes no habían sido causados por ese problema, sino por un fallo mecánico de atasco del pedal del acelerador. En total, Toyota retiró unos 10,2 millones de vehículos por aceleración involuntaria.

En 2014, Toyota acordó pagar una multa entonces récord en el sector del automóvil de 1.200 millones de dólares al Departamento de Justicia de EE. UU., como parte de un acuerdo de enjuiciamiento diferido, después de que las autoridades acusaran a Toyota de haber ocultado el defecto de las alfombrillas a los reguladores y a los consumidores.

Ford Pinto (1978)

El Ford Pinto no es el ‘recall’ más grande en número de vehículos, pero sí el más citado como punto de inflexión en la historia de la seguridad del automóvil. El 9 de junio de 1978, Ford acordó retirar 1,5 millones de unidades de los modelos 1971-1976 del Ford Pinto y 30.000 Mercury Bobcat por defectos en el diseño del depósito de combustible que los hacía susceptibles de incendiarse en colisiones traseras a velocidad moderada.

Estimaciones de Mother Jones atribuyen entre 500 y 900 muertes por incendio a accidentes del Pinto. Lo que hizo este caso histórico fue la revelación de un memorándum interno: Ford realizó un análisis coste-beneficio que comparaba el precio de solucionar el problema con el coste potencial de los litigios por accidentes fatales. Reparar el fallo hubiera costado unos 11 dólares por vehículo.

El caso Grimshaw envió un mensaje a los fabricantes de automóviles: si optaban por ignorar consideraciones de seguridad, lo harían bajo su propio riesgo financiero. Este caso ayudó a impulsar un cambio en la industria, que pasó de la idea de que «la seguridad no vende» a destacar las nuevas características de seguridad en su publicidad.

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