Opinión El egoísmo del piloto. O cómo cargarse la competición

​“¿Sabes qué? Estoy harto de analizarlo, sólo quiero que no haya un sólo contacto más”. Toto Wolff ha llegado a su límite y es comprensible, aunque seguro que muchos piensan que lo que está sucediendo en Mercedes es una niñería al lado de lo que tuvo que sufrir Ron Dennis con Senna y Prost o, posteriormente, con Alonso y Hamilton.


Siempre he sido partidario de las órdenes de equipo porque, sencillamente, la Fórmula 1 es un deporte de equipo. Es cierto que tendemos a individualizar el deporte en una sola persona, en este caso el piloto. Lo hacemos con la Fórmula 1, como lo hacemos con el ciclismo, por ejemplo. Precisamente ayer estaba viendo el documental 'The Armstrong lie” en relación a la historia de Lance y se comentaba que, a finales de los 90 y principios del siglo XXI, el éxito en el deporte se había convertido en una lucha del mejor equipo, con los mejores médicos (en relación al dopaje). El éxito de Armtrong no era sólo su éxito, en gran medida era el éxito de su potentísimo equipo y su entramado médico encabezado por Michele Ferrari (sin relación alguna con 'nuestra' Ferrari).

El éxito en la Fórmula 1 es, en esencia, eso mismo. Un gran deportista arropado por un poderoso equipo que cuenta con un brillante grupo de ingenieros y diseñadores. En el caso de Mercedes -y cualquier otro equipo-, por poco mediático que resulte, Lewis Hamilton y Nico Rosberg son sólo una pequeña parte de un gran equipo de cientos, incluso miles, de personas. No se trata de menospreciar la influencia o importancia del piloto en el deporte: se trata de asumir y entender la esencia, el origen y el concepto en el que se ha basado siempre la Fórmula 1. Neubauer, Chapman, Murray, Newey, Todt, Dennis… no tenemos derecho a menospreciar la influencia de ninguno de ellos sólo porque hayamos decidido que los pilotos son los únicos que merecen la gloria. Quien no lo entienda, quizá debería cambiar de deporte.

Deporte y negocio

La Fórmula 1 ha sido política y negocio desde antes incluso de existir como tal. En el periodo pre-F1, algunas marcas competían con sus máquinas para demostrar al mundo la fortaleza de su país. Mas adelante, algunas lo hicieron como catapulta para crecer en el mundo de la automoción comercial. Y, actualmente, a ese mismo concepto hay que sumar el hecho de que los equipos, privados o no, son empresas en sí mismos. Y, como tales, deben ser rentables. No, no es algo que ocurra sólo en la Fórmula 1, ocurre en todos los deportes profesionalizados. Por tanto, no tiene sentido criticar las órdenes de equipo. Lo que debemos hacer es asumir que forman parte del juego y que, en cierto modo, son parte del entramado de supervivencia de nuestro amado deporte.


Y, a pesar de todo ello, el equipo Mercedes AMG Petronas (sí, los patrocinadores pagan tanto como para formar parte de los nombres oficiales) decidió en su momento que iba a dejar total y absoluta libertad a sus pilotos, sabedores de que habría momentos en los que eso jugaría en contra de la imagen de quienes ponen el dinero encima de la mesa.

Bien, no es cuestión de ser ingenuos. Cuando lo hizo, sabía que contaba con suficiente margen sobre sus rivales como para poder permitirse algunos incidentes sin comprometer los títulos mundiales y, como contrapartida, se crearía una imagen positiva alrededor, una imagen de respeto al deporte y al aficionado. Pero también debemos tener en cuenta que Ferrari (¡F-E-R-R-A-R-I!), no tuvo las narices de pensar en algo más que sí misma en los tiempos de aniquilamiento deportivo al que sometió a sus rivales en la época dorada de Michael Schumacher (Austria 2002, por poner un ejemplo). No lo critico: estaban en su derecho, cualquier equipo lo ha estado, incluso cuando se prohibió por parte de la FIA (en mi modesta opinión). Pero lo cito para que pongamos en perspectiva el gesto de Mercedes.

Vídeo: Austria 2002, la victoria que nadie quiso celebrarEl Gran Premio de Austria de 2002 será recordado para siempre en los libros de historia, aunque no por la gran carrera de Rubens Barrichello, sino por las órdenes de equipo que Jean Todt y Ross Brawn ejecutaron en beneficio de Michael Schumacher. Leer más.

Cruzar el límite

Lewis Hamilton y Nico Rosberg deberían entender todo lo que acabo de escribir, desde el principio hasta el final. No soy nadie para enseñarles nada a estos dos pilotos profesionales, que llevan toda la vida en este negocio y, faltaría más, lo conocen infinitamente mejor que yo. Pero no es que lo diga yo: lo dice Toto Wolff.

"Nuestra mentalidad antes de ésto era dejarles correr. Dejarles competir simplemente. Se lo debemos a la gente. Todos recordamos los tiempos de órdenes de equipo y se hace aburrido. Mirándolo con retrospectiva, ahora mismo ésto está lleno de periodistas porque hay titulares y hay una historia polémica. Preferiría que esta conferencia de prensa estuviera medio vacía y no tener historia. Si corrieran como hicieron en Bahrein 2014, sería el mejor ejemplo. Amamos eso".

"Una colisión entre compañeros no puede ser el camino y debe ser evitado por el equipo. No lo discutimos durante la carrera, pero en cierto momento tenemos que parar y discutirlo. Hemos tratado de ser siempre lo más transparentes que hemos podido y lo contaremos. El riesgo es que si sacas a la luz la información, dejas clara tu estrategia, y si luego la cambias quedas como un idiota. No quiero señalar a ninguno de los dos como culpables en particular, sino a ambos, porque no es algo puntual, ha ocurrido en la primera y en la última vuelta. Por eso vamos a discutirlo con cuidado, ver cuáles son las opciones y después llegar a algo. Si sacamos algo en claro os lo contaremos ".

En lo que a mí respecta, aplaudiré cualquiera que sea la decisión de Mercedes y, en lugar de criticar que adopten órdenes de equipo (si es que lo hacen), les agradeceré el esfuerzo realizado todos estos años. Si hay que culpar a alguien, creo que debe ser a sus dos pilotos, que no han entendido que no son el centro del mundo. Sólo son un eslabón más -importante, sí- de una gran cadena de éxito. Una cadena que les convierte en lo que son.


Que Lewis Hamilton recurra a la demagogia para intentar salvar la situación -por mucho que lo ocurrido en Austria no sea responsabilidad suya- no debería confundirnos: no es el momento de apelar al interés del deporte y pensar en los aficionados. Su equipo lo ha hecho durante años y ha tenido mucha paciencia con ellos. Pero ninguno de los dos ha tomado conciencia de ello hasta que Toto Wolff ha perdido la paciencia, parece que definitivamente.

“No vine al deporte para estar en esta situación, así que rezaré y espero que no sea el caso. Primero por mí mismo, porque eso acabaría con la diversión de competir. Segundo por los aficionados, porque les robaría aquello por lo que tanto dinero pagan”.

“¡Meter la cabeza en un cubo de agua fría, eso es lo que voy a hacer!”, dijo Toto Wolff ante la prensa cuando se le preguntó por las posibles consecuencias. Quizá debería meter a sus pilotos en uno bien grande: son quienes deben pararse a pensar en lo que están haciendo. Una cosa es competir sin concesiones (el propio Hamilton y Button, nos mostraron cómo debe hacerse en más de una ocasión y es lo que queremos) y otra muy distinta anteponer tus intereses personales a todo lo demás, provocando con ello polémica y enfrentamientos(que es lo que quiere Ecclestone).

Ocurra lo que ocurra a partir de Silverstone, mis respetos y agradecimiento a Mercedes.

Fotos: Mercedes

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