Virutas F1 Hamilton nos tomó el pelo a todos

El misterio está albergado dentro de su cabeza, y sólo en una muy especial hay espacio para más de una vida al mismo tiempo. El caso es que Lewis Hamilton vive dos, incompatibles entre sí, y en las dos le ha ido como a pocos… a pesar de no ser tarea fácil.

De su padre heredó la pasión por la vida y la capacidad de divertirse propia de los caribeños. Esa fuerza que le lleva a bailar disfrazado de no se sabe muy bien qué y contonearse pegado a las caderas de la voluptuosa Rihanna. De su madre, con aspecto de recién jubilada británica que se acaba de bajar de un Airbus de Ryanair en el aeropuerto de Alicante buscando el producto estrella de Paellador, la temperanza anglosajona. 

Al final, de la mezcla, sale una megamix de Pocholo y un asesino en serie sobre el asfalto, de los que no perdonan una. Debe ser por eso, por la mezcolanza sanguínea, porque Lewis está hecho de dos pedazos, la razón por la que le resulta tan fácil tener dos vidas distintas dentro de una y que ambas funcionen.

El lado hedonista es relativamente sencillo de mantener vivo cuando eres rico, dispones de un jet privado en propiedad, y en tu agenda hay cantantes y famosos de calibre global. Lo complicado viene en cómo combinas todo esto con uno de los deportes más exigentes de la creación, técnica, física, mentalmente, y uno de los pocos en los que te apuestas la vida cada vez que lo practicas. Si lo complicado no es llegar sino mantenerse, crecer dentro de un status superior es sólo cosa de superdotados, de tipos elegidos de entre los ya especiales. 

El año pasado Lewis ganó más carreras, hizo más poles, y fue más rápido

Ejemplares así salen dos, puede que tres por década, es difícil que asomen más, y son los que acaban marcando una época. Alonso aguijonea a su excompañero con un “este año no lo ha tenido tan difícil” porque un Rosberg no le ha sometido como el año pasado, que no las ha tenido tiesas con su compañero como único enemigo a batir. El año pasado Lewis ganó más carreras, hizo más poles, y fue más rápido pero en el cómputo final Nico se lo llevó en función de sus puntos: no ganó por ser el mejor sino por hacerlo mejor. Lewis tomó nota y este año ha crecido, ha dado un paso más. 

Pocas veces han estado más contentos sus ingenieros al verle en los circuitos hasta caer el sol, cuando lo normal es que a las seis de la tarde no quede ni un solo piloto en el paddock. El ahora tetracampeón mejoró en su atención, se metió en menos jaleos, no protestó como otros cuando las cosas no le salieron, fue limpio, eficiente y sin un compañero urticante al lado ha tenido a su disposición toda una escudería. El amigo de Justin Bieber ha tenido un buen caballo, pero a pesar de lo que pueda parecer, ha sido el peor mejor caballo desde que comenzó la era híbrida. 

Lewis Hamilton celebra con su madre el cuarto título mundial conseguido en México.

Este año no ha sido un paseo humillante para el resto como en años anteriores. La apisonadora que eran los Mercedes anteriores no encontraron enemigo a su altura y convirtieron en monólogos las conversaciones previas. Su dominio era tan abusivo que hasta el propio Bernie Ecclestone llegó a pedir a la marca que se fuera de su patio, que le estaban machacando los geranios. El eje pivotacional sobre el que gira el deporte es la incertidumbre del resultado, y con un final previsible la cosa pierde la gracia, así que el octoseisgenario tenía razón; poco chiste encontrábamos aunque tampoco podía mandar al pasto al que con su ingenio e inversiones se lo ganó. 

No es que esta temporada Mercedes haya ido a peor sino que los demás han ido a mejor. Sus enemigos reales, tangibles, y con un armamento respetable han sido sólo unos chicos de rojo y unos chicos de azul. El mejor de los de colorao, el alemán, se ha marcado cuatro victorias y seis segundos puestos. Vettel ha estado casi toda la temporada echándole el aliento en el cogote a Hamilton pero por desatino propio, por algún que otro exceso como aquel feo detalle de arrojarle el coche en Baku tras el Safety Car, y por errores de gestión y estrategia de su equipo no pudo con Lewis. 

Ferrari ha dado un paso de gigante este año, y de hecho en no menos de media docena de carreras su monoplaza ha sido más rápido que las hasta hoy inalcanzables flechas plateadas. En pista lenta el SF70H iba mejor y esto ha aportado algo de salsa barbacoa a las carreras… pero ha sido insuficiente. El problema añadido en Maranello es la angustia, las presiones, y la desesperación por no comerse un torrao desde hace una década ha provocado ciertas sobreactuaciones, reacciones erradas y tropezones en sus filas. 

Este año tampoco va a ser, y en consecuencia Mauro Arribavene, con cara siempre larga, decía que a él no le iban a echar ni con agua caliente pero se estuvo rumoreando que podían devolverle a su estanco, Sergio Marchionne alzando la voz a la espera de unos resultados rimbombantes con los que adornar sus comunicados que no llegan, y un equipo sediento de títulos que empieza a merecerlos… aunque aún se los tiene que ganar.

Lewis Hamilton ha igualado a Alain Prost y a Sebastian Vettel. Sólo Michael Schumacher y Juan Manuel Fangio tienen más títulos mundiales que él.

Los otros que plantaron cara fueron los Blues Brothers. Tres victorias, y no por incomparecencia de los favoritos como en el gepé de España del año pasado, sino porque lo hicieron mejor. Red Bull se lo ganó a pulso con unos coches de comportamiento dinámico impecable que piden a su destino un motor un poco más dotado. Los RB13 rinden como pocos en todo lo que no sea caballería y fiabilidad, porque trece abandonos son muchos abandonos y doce pódiums son muchos pódiums para una formación sin posibilidades de alcanzar un título. El año que viene estarán más cerca, Ferrari les mirará a los ojos, y Mercedes más inquietos con un frente más amplio que atender.

De vuelta al tetracampeón de vida dual, una de sus claves sobre el asfalto ha sido su constancia. Cero abandonos, siempre ha puntuado, nunca bajó los brazos. Hasta en su peor carrera del año, la misma en que superó en títulos a su ídolo Ayrton Senna, rebañó un punto con un coche cojitranco con el que tendría que recuperarse tras el incidente de la salida. Lewis ha sacado más partido que nunca a su comunión con la cofradía de la estrella. Casado con ellos desde hace lustros, la longevidad de la relación le hace conocedor de dónde está todo, dónde aciertan, dónde fallan, y hasta dónde están los muertos enterrados. 

En los ocho años desde que Mercedes es un equipo de F1 la firma ha duplicado sus ventas

En Mercedes, en la marca, están encantados de ver como un tipo tatuado de pies a cabeza sale en su cuenta de Instagram tocado con una estrella cromada en su gorrita cada vez que se hace un selfie. Las ventas de coches de acceso a la marca van a estallar de un momento a otro y curiosamente en los ocho años desde que Mercedes es un equipo de F1 la firma ha, atentos, duplicado sus ventas… sí, amiguetes, el doble. Hay que buscar con lupa la compañía industrial en el mundo cuyo producto básico cueste más de treinta mil pelotes, y que duplique sus ventas en ese espacio de tiempo. Mercedes se gasta anualmente una leña en anuncios, patrocinios, letreros en carreteras y en mejorar sus concesionarios, pero en nada se gasta tanto y tan a gusto como en su equipo de Fórmula 1. Si lo hacen, por algo será.

Mientras lees este articulo, Lewis se abanica con el folleto de un concesionario de jets privados y revisa la tapicería de uno que le pueda hacer volar más lejos, más rápido, y más cómodo. Le va a hacer falta el año que viene porque si este título ha sido muy trabajado, en 2018 lo será aún más. Si quiere ganar en sus dos vidas, necesita medios aún mejores. En todo caso, desde la fiesta-recepción en Brackley y hasta los entrenos de pretemporada, ale, a verbenear, que nadie le va a decir ni mu.

Fotos: Mercedes AMG F1

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