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Los nuevos radares-remolque, capaces de moverse y operar sin señalización, llegan a las carreteras españolas. Con tecnología avanzada y autonomía total, prometen revolucionar el control de velocidad en cualquier carretera y reducir drásticamente la siniestralidad.

El panorama de los radares en carretera está evolucionando rápidamente, y en los últimos meses ha llegado a las carreteras españolas un nuevo tipo de dispositivo: el radar-remolque.
Esta innovación tecnológica promete ser un recurso clave para reducir la siniestralidad en puntos críticos de la red viaria, gracias a su versatilidad y eficacia. ¿En qué consiste exactamente? ¿Qué lo hace diferentes de otros radares? Aquí te contamos todo.
Un radar-remolque es, como su nombre sugiere, un cinemómetro instalado en un remolque. A primera vista, se asemeja a los radares fijos convencionales, pero su principal ventaja radica en su capacidad de movilidad y autonomía.
Estos dispositivos pueden ser transportados fácilmente y ubicados en diferentes puntos de la carretera, permaneciendo en un lugar sólo unas horas, pero también días o semanas según lo requieran las circunstancias del tráfico.

Características principales:
A diferencia de los radares fijos tradicionales, que están limitados a ubicaciones concretas y suelen estar señalizados, los radares remolque ofrecen una estrategia dinámica. Estas son algunas de las razones por las que permiten multar con mayor eficacia:
El primer despliegue de estos dispositivos en España forma parte del Plan de Seguridad Vial 2024-2026 del Servei Català de Trànsit, que tiene como objetivo reducir drásticamente la siniestralidad en las carreteras catalanas.
De momento, está previsto que en 2024 se pongan en funcionamiento 25 radares-remolque, tras una prueba piloto con cuatro unidades en 2023. El presupuesto inicial del proyecto asciende a más de un millón de euros.
Según estudios internos del SCT, la presencia de estos radares puede reducir la accidentalidad en hasta un 70 % en las zonas donde se instalan. Además, al ser autómatas, no requieren la presencia de agentes, lo que optimiza los recursos humanos disponibles.

La llegada de los radares-remolque implica que ningún tramo de carretera estará exento de control. Su capacidad para trasladarse rápidamente y operar de forma autónoma hace que sean capaces de vigilar cualquier vehículo y en cualquier lugar.
Esto supone un cambio significativo en la vigilancia de la velocidad, ya que obliga a los conductores a mantener una conducción prudente en todo momento, independientemente de la señalización de radares.
Por todo ello, los radares-remolque representan una revolución en el control de la velocidad en carretera. Al combinar tecnología avanzada con movilidad, prometen ser una herramienta crucial en la lucha contra la siniestralidad.
Si bien su implantación inicial sólo se ha previsto en Cataluña, no sería extraño que, en caso de éxito, este modelo se extienda al resto de España en los próximos años.

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